“Voilà mon affaire… un truc extraordinaire!”
- Georges Méliès -
En los inicios del cine, el cinematógrafo de los Lumière era una curiosidad científica que se exponía en ferias junto con otros inventos. La gente no iba a ver la película, sino el funcionamiento de un aparato que captaba y reproducía fotografías en movimiento. Y aunque los científicos veían en el aparato un instrumento científico destinado a reproducir fielmente la realidad, ni el mismo padre de los inventores creía realmente en el éxito que acabaría teniendo. “Amigo mío, deme usted las gracias” –contestó Antoine Lumière a Méliès, que ofrecía una pequeña fortuna por el cinematógrafo de sus hijos- “El aparato no está en venta, afortunadamente para usted, pues le llevaría a la ruina. Podrá ser explotado durante algún tiempo como curiosidad científica, pero fuera de esto no tiene ningún interés comercial”.